lunes, 24 de julio de 2017

24-07-2017 Dali

Me despido de Lijiang con destino Dali. Sigue lloviendo ligera pero constantemente. 

Tengo suerte porque al llegar a la estacion de autobuses y comprar el billete, he conseguido la última plaza en el autobús que salía en ese momento hacia Dalí. Eso sí, me ha tocado en el asiento de al lado del conductor. Las mejores vistas, pero con las rodillas rozando el salpicadero y el parabrisas a pocos centímetros de mi cara. Me he puesto el cinturón de seguridad porque daba un poco de cosa, con las carreteras mojadas y algunas pendientes pronunciadas, mientras el pequeño autocar vibraba sin parar.

Primera fila.

Han sido dos horas y algo de trayecto, para cubrir los 200 kilómetros que separan ambas ciudades, por una buena autopista, que en el futuro debería enlazar con Lhasa.

Dalí está a 1.900 metros de altitud, por lo que sigo bajando, esta vez 500 metros. Sin embargo la lluvia sigue constante hasta las 10 de la noche aunque la temperatura nocturna es más suave.

En el descanso del trayecto.

Desde la parada del bus he cogido un taxi y de nuevo ha costado encontrar el hotel. El conductor, muy majo, sabía la zona y yo lo he rematado con el GPS. El problema es que me ha llevado a otro hotel y es que la mayoría de ellos, sólo tienen el cartel en chino y además en este caso las coordenadas dadas por Booking, no eran correctas.

Afortunadamente el conductor, que le debe haber pasado más de una vez, esperaba fuera y ha llamado al hotel que estaba a poco más de 100 metros de allí, y le han dado las indicaciones necesarias. Esta vez creo que habria sido imposible encontrarlo sin ayuda.


Cuando compras una tarjeta SIM hay que comprarla con llamadas. Yo sólo la compré con datos para Internet y es un error, porque puede hacer falta en estos casos. Pensé que no servía de nada porque nadie habla inglés, pero al menos, en la mayoría de los hoteles, no todos, te puedes arreglar.


Tradicional carro de frutas, que luego venden por las calles.

Como el hotel está muy cerca del casco antiguo, siguiendo las indicaciones que he conseguido entender de una de las chicas que allí trabajan y el mapa, he llegado en menos de 10 minutos a una de las entradas de la antigua capital de la etnia Bai.

Pequeño mercado en un callejón.

Es parecido a Lijiang, pero con calles algo más anchas y no tan saturado de gente, aunque si hay muchísimos turistas. Quizás no tiene el encanto de la primera, pero al menos sus calles en cuadrícula, no requieren el uso del Google Maps para no perderte. 

Una de las salidas de la ciudad.

Después de la primera toma de contacto con las calles de la ciudad, he comido en un restaurante bastante chulo y después me he sentado en una mesita afuera a tomar un té birmano, ya que no tenían café. En ese tiempo he visto como me hacían fotos de forma disimulada e incluso una china ha intentado entablar una conversación, sobre algo de la universidad, que francamente, no he entendido prácticamente nada, aunque la chica se esforzaba.

He visto algo realmente curioso. Ha sido la primera vez que veo una iglesia católica en China. Al parecer hacen una misa a la semana los domingos por la mañana. No parece atraer mucho a los visitantes, porque estaba yo sólo.

Esto es una iglesia católica, obsérvese la cruz que la identifica. Allí no había ni Dios...

He recorrido varias calles, pero falta bastante. Como en Lijiang, el casco antiguo es grande. Esta amurallado en gran parte y cuenta con varias grandes puertas... como Valencia, pero con edificios chinos.


Esta ciudad fue por unos años la ciudad del "Flower Power" chino y se suponía que iba a ver bastante gente con flores en el pelo, pero sólo lo he visto cuatro o cinco.

A falta de Flower Power, si puedesver alguna vestimenta más original.

También quiero volver el restaurante en el que he comido al mediodía, porque tres mujeres estaban haciendo una pasta casera, que quiero probar. Realmente era un trabajo de chinos.

Algunas calles más comerciales tienen estos pequeños canales artificiales. 

Puertas y puertas... 



Una de las entradas amuralladas.

Me lo estoy tomando con calma, así que he vuelto al hotel a cambiarme y hora y media después he vuelto al centro para cenar y deambular un poco.

Por la noche sigue el tránsito por las calles.

En uno de los muchos restaurantes con música en directo, he pedido una hamburguesa de yak que realmente parecía más un filete. Se podía comer. Mi idea era cenar en un restaurante con chef español, pero no lo he encontrado en el sitio que indica la guía. Mañana intentaré averiguarlo por otros medios porque por lo que he leído, hace tapas chino españolas y realmente me intriga.  

La cantante era mona, pero sus canciones chinas no eran gran cosa.

He vuelto ya al hotel antes de la medianoche con la idea de no poner el despertador, por una vez. En principio mañana debería seguir lloviendo. Ya veremos.

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